Hay amistades que hay que regarlas, como las plantas, si no se ponen mustias. Pero hay otras que son fuertes como robles, que pueden pasar meses sin hablarse, y un día uno descuelga el teléfono, y es como si se hubieran visto el día antes.

“¿Quedamos a las nueve para cenar?”. “Sí, tengo ganas de verte”. “¿Jitsi o Zoom?”. “El que prefieras, pásame el enlace por correo”. “Acuérdate de comprar el mismo vino, Instinto de Bella Pilar”. “De acuerdo, un beso, hasta luego”. La pandemia ha complicado las cosas a